martes, 2 de noviembre de 2010

Cosificación


Todo está mal, hemos reemplazado la creatividad con la destrucción constante de todo lo que nos rodea. Sería bueno que esta destrucción se limitara tan sólo a la parte física, que ni siquiera tenemos certeza si existe, pero esta afecta y con peores consecuencias a los mundos metafísicos.
Cada persona ve el mundo desde una perspectiva distinta, cada persona maneja su conjunto de creencias, y a partir de esto se maneja el “cómo”, el “qué” y el “cuánto” de la destrucción.
Personalmente me agrada mucho el caos, pero no el caos desorganizado, sino un caos armónico. Aún la destrucción es bella, mientras lo básico permanezca y todo aquello de lo que podamos prescindir sea eliminado irreversiblemente; deshacer costumbres, reinventar sueños.
Ese es mi mundo, ese es mi contexto de destrucción interna.
 “Un sofá usado como cama, un cuchillo usado para matar, un zapato usado como misil, una mujer usada como vagina”, hay algo malo en todo esto, ¿No?

domingo, 31 de octubre de 2010

Guía para el mundo de mi vejez


¿Conoces la historia de la los monstruos?
Nadie tendrá que decir que el pasto es verde, sólo en la tierra de los monstruos bípedos cabe la aclaración. Hambre, desesperación… y el canibalismo entra en escena. Dientes afilados, un solo ojo, y además cefalópodos. Furia, calor y la tierra es azul… y ahora te pueden ver. Pero no te preocupes, las cinco lunas en el cielo los mantienen lo suficientemente ocupados como para que puedan ignorar tu presencia.
Vómito de cefalópodo, tinta de pulpo terrestre, sólo comiendo de él podrás salir de aquel aterrador mundo. Pero… ¿No sería eso como el zorro que, desesperado a causa de los mosquitos, le pide a un puercoespín que ruede sobre él? Vive en el mundo donde la única salida es el desecho del mismo mundo, y quédate por siempre que al menos tendrás la opción última de salir. Conviértete en el bufón o en la princesa que puedan sobrevivir al mundo de la tierra azul, al mundo de las lunas emotivas, al mundo que he creado para pasar mi vejez.
Sí, es un mundo pequeño; sí, los monstruos habitan todo el lugar, pero siempre podrás pasar inadvertido, solo con tu soledad, con el autismo inducido, y con todos las personas que tengas la disposición de crear. 
Por eso te he creado, para compartir el licor más fuerte, la soledad, y para poder ver acompañado el único anochecer a la luz de cinco lunas.

viernes, 29 de octubre de 2010

Si A entonces B


Lluvia golpeando mi ventana, frío espantoso como clima de un páramo, y esto por vez primera sólo agobia mis sentidos, cada gota cayendo es un simple sonido, y mi corazón y mi alma siguen intactos. Todo por el pensamiento de algo bello, algo imperturbablemente perturbador que hace que lo que usualmente sería un gran placer, hoy sea nada. Pensar que dios se equivoca, que da para recibir, que hasta el mismo modelo a seguir del mundo es interesado, pensar en la intermitente virtud de la inexistencia, de cómo en ocasiones sólo ocupamos espacio, y no existir resultaría ser más útil, o cómo hay personas que simplemente están sobre la naturaleza humana, y la piel es poco para ellas, el oxígeno muy sucio, el agua muy fuerte y la vida muy feliz, personas trascendentales en exceso. Y que siga lloviendo, hoy eso no me importa, que se acabe el mundo si es necesario, igual seguiré pensando en cómo llenar espacios metafísicos con la angustia del saber y con la expectativa de anclar en un nuevo puerto.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Cinco y tres


Somos tres en cuerpo
tomando un taxi para cinco,
somos cinco en alma
pensando como tres en cuerpo.
Somos tres pero seremos cinco.
Cinco de un lado,
tres del otro;
símbolo de nuestra soledad compartida
interrumpida por el error pasado de un obrero
que no se preocupó por corregirlo.
Aunque esto cause confusión
a nuestro taxi para cinco.

martes, 26 de octubre de 2010

Infección

Ahora deseo compartirles "Infección" escrito por Andrés Caicedo, y aunque no estamos en Cali el sentimiento es el mismo.
El sol. Cómo estar sentado en un parque y no decir nada. La una y media de la tarde. Camino caminas. Caminar con un amigo y mirar a todo el mundo. Cali a estas horas es una ciudad extraña. Por eso es que digo esto. Por ser Cali y por ser extraña, y por ser a pesar de todo una ciudad ramera.
- Mirá, allá viene la negra esa.
- Francisco es así, como esas palabras, mientras se organiza el pelo con la mano y espera a que pase ella. Ja! Ser igual a todo el mundo.
Pasa la negra-modelo. Mira y no mira. Ridiculez. Sus 1.80 pasan y repasan. Sonríe con satisfacción. Camina más allá y ondula todo, toditico su cuerpo. Se pierde por fin entre la gente ¿y queda pasando algo? No, nada. Como siempre.
(Odiar es querer sin amar. Querer es luchar por aquello que se desea y odiar es no poder alcanzar por lo que se lucha. Amar es desear todo, luchar por todo, y aún así, seguir con el heroísmo de continuar amando. Odio mi calle, porque nunca se rebela a la vacuidad de los seres que pasan en ella. Odio los buses que cargan esperanzas con la muchacha de al lado, esperanzas como aquellas que se frustran en toda hora y en todas partes, buses que hacen pecar con los absurdos pensamientos, por eso, también detesto esos pensamientos: los míos, los de ella, pensamientos que recorren todo lo que saben vulnerable y no se cansan. Odio mis pasos, con su acostumbrada misión de ir siempre con rumbo fijo, pero maldiciendo tal obligación. Odio a Cali, una ciudad que espera, pero no le abre las puertas a los desesperados).
Todo era igual a las otras veces. Una fiesta. Algo en lo cual uno trata desesperadamente de cambiar la tediosa rutina, pero nunca puede. Una fiesta igual a todas, con algunos seductores que hacen estragos en las virginidades femeninas... después, por allá... por Yumbo o Jamundí, donde usted quiera. Una fiesta con tres o cuatro muchachas que nos miran con lujuria mal disimulada. Una fiesta con numeritos que están mirando al que acaba de entrar, el tipo que se bajó de un carro último modelo. Una fiesta con uno que otro marica bien camuflado, y lo más chistoso de todo es que la que tiene la lado trata inúltimente de exitarlo con el codo o con la punta de los dedos. Una fiesta con muchachas que nunca se han dejado besar del novio, y que por equivocación, son lindas. Y también con F. Upegui que entra pomposamente, viste una chaqueta roja, hace sus poses de ocasión y mira a todos lados para mirar-miradas. Una fiesta con la mamá de la dueña de la casa, que admira el baile de su hijita pero la muy estúpida no se imagina si quiera lo que hace su distinguida hija cuando está sola con un muchacho y le gusta de veras. Una fiesta donde los más hipócritas creen estar con Dios, maldita sea, y lo que están es defecandose por poder amachinar a la novia de su amigo... piensan en Dios y se defecan con toda calma mientras piensan en poder quitársela.
Sí, odio a Cali, una ciudad con unos habitantes que caminan y caminan... y piensan en todo, y no saben si son felices, no pueden asegurarlo. Odio a mi cuerpo y mi alma, dos cosas importantes, rebeldes a los cuidados y normas de la maldita sociedad. Odio mi pelo, un pelo cansado de atenciones estúpidas; un pelo que puede originar las mil y una importancias en las fuentes de soda. Odio la fachada de mi casa, por estar mirando siempre con envidia a la de la casa del frente. Odio a los muchachitos que juegan fútbol en las calles, y que con crueldades y su balón mal inflado tratan de olvidar que tien que luchar con todas sus fuerzas para defender su inocencia. Sí, odio a los culicagados que cierran los ojos a la angustia de más tarde, la que nunca se cansa de atormentar todo lo que encuentra... para seguir otra vez así: con todo nuevamente, agarrando todo todo. Odio a mis vecinos quienes creen encontrar en un cansado saludo mía el futuro de la patria. Odio todo lo que tengo del cielo para mirar, sí, todo lo que alcanzo, porque nunca he podido encontrar en él la parte exacta donde habita Dios.
Conozco un amigo que le da miedo pensar en él, porque sabe que todo lo de él es mentira, que él mismo es una mentira, pero nunca ha podido -puede- podrá aceptarlo. Sí, es un amigo que trata de ser fiel, pero no puede, no, lo imposibilita su cobardía.
Odio a mis amigos... uno por uno. Unas personas que nunca han tratado de imitar mi angustia. Personas que creen vivir felices y lo peor de todo es que yo nunca puedo pensar así. Odio a mis amigas, por tener entre ellas tanta mayoría de indiferencia. Las odio cuando acaban de bailar y se burlan de su pareja, las odio cuando tratan de aparentar el sentimiento inverso al que realmente sienten. Las odio cuando no tratan de pensar en estar mañana conmigo, en la misma hora y en la misma cama. Odio a mis amigas porque su pelo es casi tan artificial como sus pensamientos, las odio porque ninguna sabe bailar go go mejor que yo, o porque todavía no he conocido a ninguna de quince años que valga la pena para algo inmaterial. Las odio porque creen encontrar en mí el tónico ideal para quitar complejos, pero no saben que yo los tengo en cantidades mayores que los de ellas... por montones. Las odio, y por eso no se lo dejo de hacer, porque las quiero y aún no he aprendido a amarles.
No sé, pero para mí lo peor de este mundo es el sentimiento de impotencia. Darse cuenta uno que todo lo que hace no sirve para nada. Estar uno convencido que hace algo importante, mientras hay cosas mucho más importantes por hacer, para darse cuenta que se sigue el mismo estado, que no se gana nada, que no alcanza terreno, que se estanca, que se patina. Rrrrrrrrrrrrrrrr--- rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr ---- rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr no poder uno multiplicar talentos, estar uno convencido que está en este mundo haciendo un papel estúpido para mirar a Dios todos los días sin hacerle caso.
¿Y qué? ¿Busca algo positivo uno? ¿Lo encuentras? Ah, no. Lo único que hace usted es comer mierda. Vamos hombre, no importa en qué forma se encuentra su estómago, piense en su salvación, en su destino, por Dios, en su destino, pero está bien eso no importa. ¿Que no? vea, convénzase: por más que uno haga maromas en esta vida, por más que se contorsione entre las apariencias y haga voleteretas en medio de los ideales, desemboca uno a la misma parte, siempre lo mismo... lo mismo de siempre. Pero eso no importa, no lo tome tan en serio, porque lo más chistoso, lo más triste de todo es que Ud. se puede quedar tranquilamente s u a v e m e n t e  d e f e c á n d o s e, p u d r i é n d o s e, p o c o  a  p o c o , t ó m e l o  c o n  c a l m a... ¡Calma! ¡Por Dios, tómelo con calma!
Odio la avenida sexta por creer encontrar en ella la bienhechora importancia de la verdadera personalidad. Odio el Club Campestre por ser a la vez un lugar estúpido, artificial e hipócrita. Odio el teatro Calima por estar siempre los sábados lleno de gente conocida. Odio al muchacho contento que pasa al lado que perdió al fin del año cinco materias, pero eso no le importa, porque su amiga se dejó besar en su propia cama. Odio a todos los maricas por estúpidos en toda la extensión de la palabra. Odio a mi maestros y sus intachables hipocresías. Odio las malditas horas de estudios por conseguir una maldita nota. Odio a todos aquellos que se cagan en la juventud tos los días.
¿Es que sabes una cosa? Yo me siento que no pertenezco a este ambiente, a esta falsedad, a esta hipocresía. Y ¿qué hago? No he nacido en esta clase social, por eso es que te digo que no es fácil salirme de ella. Mi familia está integrada en esa clase social que yo combato, ¿Qué hago? Sí, yo he tragado, he cagado este ambiente durante quince años, y, por Dios, ahora casi no puedo salirme de él. Dices que por qué vivo yo todo angustiado y pesimista? ¿Te parece poco estar toda la vida rodeado de amistades, pero no econtrar siqueira una que se parezca a mí? No sé qué voy a a poder hacer. Pero a pesar de todo, la gloria está al final del camino, si no importa.
La odio a ella por no haber podido vencer a su propia conciencia y a sus falsas libertades. La odio porque me demostró demasiado rápido que me quería y me deseaba, pero después no supo responder a estas demostraciones. La odio porque no las supo demostrar, pero ese día se fue cargando con ellas para su cama. Yo la quiero, muchacha estúpida, ¿No se da cuenta? Pero apartándonos de eso, la odio porque me originó un problema el berraco y porque siempre se iba con mis palabras, mis gestos y mis caricias, con todo... otra vez para su cama. Pero, tal vez, para nosotros exista otra gloria al final del camino, si es que todavía nos queda un camino... quién sabe...
Odio a todas las putas por andar vendiendo añoraciones falsas en todas sus casas y sus calles. Odio las misas mal oídas...  Odio todas las mías. Me odio, por no saber encontrar mi misión verdadera. Por eso me odio... y a ustedes ¿Les importa?.
Sí, odio todo esto, todo eso, todo. Y la odio porque lucho por conseguirla, unas
veces puedo vencer, otras no. Por eso la odio, porque lucho por su compañía. La odio porque odiar es querer y aprender a amar. ¿Me entienden?. La odio, porque no he aprendido a amar, y necesito de eso. Por eso, odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada...
a nada
a nadie
sin excepción.

domingo, 24 de octubre de 2010

Yo-yo.


Y ahora soy yo quien tiene la facultad de cambiar cualquier hecho o acto acontecido en el mundo. Las leyes naturales no se aplicarán más y todo será como la imaginación lo desee. Mundos ingrávidos como pompas de jabón, diría Serrat. Es imposible no recordar al amigo que piensa en cómo sería el mundo si fuese al revés, o en las discusiones de cafetería sobre la infinidad de puntos existentes dentro de un metro. Y sólo serán eso, recuerdos, porque ahora la existencia no tiene normas, se puede ser y no ser al mismo tiempo, es problema del que lo quiera solucionar. Así, que bienvenidos a mi mundo, disfrútenlo que la muerte ha muerto y ni siquiera la ausencia de vida la traerá de regreso. Siente dolor que gracias a mí todos los disfrutaremos, el futuro deja de ser el condicionador del presente y las consecuencias podrán ser ignoradas. Ahora. Ahora…
Tiempo de jugar con mi yo-yo… Carajo, necesito un yo-yo “pro-gravedad”.

Galletas para todos.

Y me siento feliz de estar en una habitación completamente a oscuras, tal vez las paredes tengan mil colores, mil colores nuevos que pueda inventar. Cansado ya estaba de ver sólo paredes blancas, blancas como la ceguera de Saramago. Y sí que la prudencia me permite vivir en este cuarto negro, la prudencia de no inventar colores cuando sabía que todo era blanco, prefiero imaginar cuando el caos es la regla. ¡Maldita armonía! Que sólo permites la existencia de la percepción, que limitas la existencia de las cosas. ¡Armonía loca! Para matar a los pocos cuerdos, y que por fin el mundo sea de los locos Arltianos, de los faltos de ética, de los faltos de moral, que triunfe la ipseidad; la sociedad hace daño, y que el caos de lo oscuro abarque al mundo… Pero que esa oscuridad venga con galletas.